En esta serie, estaremos hablando de un tema muy especial para todos. El amor. ¡Qué tema!! Mucho se ha dicho del amor. Grandes personajes a lo largo de la historia, se expresaron con entusiasmo sobre el amor. Porque todos sabemos lo importante que es. El amor es una necesidad que tenemos absolutamente el 100% de los seres humanos. Aún esos que parecen no necesitarlo ni poder brindarlo a los demás. ¡Que nadie te engañe! Tanto ellos como nosotros lo necesitamos y anhelamos. A lo largo de esta serie, te vamos a proponer memorizar este versículo tan hermoso:
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente - respondió Jesús-. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22: 37-39
¿Qué te parece si empezamos?
Día 1
¡Cómo nos cuesta amar al prójimo!
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente - respondió Jesús-. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo”.Mateo 22: 37-39
Lo sé, lo hemos escuchado más de una vez. Tantas que tal vez perdimos la capacidad de recordarlo.Como cristianos, nos sentimos en la obligación de ser amorosos, amables, atentos con cualquier persona que nos crucemos. Después de todo, es lo que venimos escuchando desde hace mucho tiempo.
Los más nuevos en la fe pueden tener esa chispa inicial de cuando recién conocen al Señor: ¡Quieren poder aportar y devolver un poco de tanto amor recibido! ¡Esto es hermoso!
Un día, sin embargo, te encontras con tu vecina, la que no paga las expensas y acumula una deuda que perjudica a todo el edificio. Otro día, con esa persona que no levanta la caquita (o cacota) del perro y vos justo, distraída y apurada por no llegar tarde al trabajo, ¡la pisas sin querer! ( ¡no me pasó aún! Pero me podría pasar en cualquier momento…)
Ni hablar de cuando la persona que más querés te deja sin ese “Te quiero” que tanto te gustaría escuchar de su boca.
O cuando tu mejor amigo te deja en banda, porque tiene otras cosas que considera más importantes en su cabeza.
Los ejemplos son innumerables.
A veces, quienes más queremos nos provocan las heridas más difíciles de soportar.
Otras, es ese desconocido al que tenés la “casualidad” de cruzarte. Ese mismo es el que pone a prueba tu capacidad de amar.
¿Te acordas de la historia del buen samaritano en Lucas 10? (Lucas 10:25–37).
Jesús la usó para ilustrar el amor hacia nuestros enemigos. Los samaritanos y los judíos estaban peleados históricamente hace muchísimos años (siglos, para ser exactos). Era tan grande ese odio, que no se hablaban, no comían juntos, e inclusive, los judíos eran capaces de desviarse de su camino y hacer viajes mucho más largos, con tal de no pasar por Samaria. ¿No será mucho?
Así que no es casual que Jesús usara la historia de un samaritano que se compadece de un judío lastimado y se ocupara de cuidarlo hasta que se restituyera por completo.
Fue también Jesús quien nos recordó que amar a quienes nos aman es fácil. Lo difícil es amar a los que nos hacen daño:
👉 Mateo 5:46–47
“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?
Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también eso los gentiles?”
¡No te voy a mentir! A mí me sigue costando. Muchas veces actúo como si desconociera mi llamado a amar como Dios me amó.
Lo hermoso de esto es que él nos sigue llamando todos los días y recordando que nos ama tanto. Y también si lo buscamos nos perdona, y vuelve a llenar el corazón de amor, para que también nosotros podamos amar como él lo hace.
¡Sin dudas es un desafío gigante!
Pero no te olvides, mientras busques a Dios, él se va a encargar de hablarte y mostrarte cómo amar.
Así que, llená tu tanquecito día a día con ese amor. Y vas a ver cómo sorprendentemente para vos, ¡empezas a errar menos tiros al blanco!
No es una fórmula mágica, y sin dudas lleva su tiempo, pero te aliento. Dios sabe que nos hace bien amar y también sentirnos amados.
¡Y él quiere esto para nuestras vidas!